Lo que se hereda no se roba

Cuenta Franklin Morales, que cuando la huelga de jugadores, que abarcó parte del 48 y del 49, se sucedió un hecho peculiar, en la historia del fútbol uruguayo.
Una noche se convocó a asamblea y había como 400 futbolistas, llegó Obdulio y le preguntó a Enrique Castro si había alguna novedad, le contestó que no, se dio vuelta y se fue. 
Detrás suyo se levantaron y se fueron los 400 jugadores.
En la sala quedaron 3 personas.
El liderazgo de Obdulio, era de otros tiempos, y de otras gentes, difíciles de imaginar hoy día.
Era ese liderazgo ganado en el tiempo donde la palabra valía más que 100 documentos, y donde se practicaba el deporte por el placer de disfrutar la belleza y la pasión, que hoy son tan escasos.

Obdulio, capitán del invencible Peñarol del 49, de la selección del 50, y líder en el 54, marcó su historia deportiva, gallarda y ganadora, junto a varios equipos que fueron los que aspiraron a superar a los que él defendió.
Pero hay un equipo, que a nivel internacional, se consagró como el más vencido. El más segundo del siglo XX.
Dicho conjunto, era dirijido en el 44 por Ondino Viera (que 
Gol de Romero- Foto de EL OBSERVADOR           también obtuvo los segundos puestos en el periodo del primer Quinquenio aurinegro), fue la médula viviente, del conjunto que enfrentó al Uruguay de Obdulio en el 50. Eran viejos conocidos y se midieron en varias oportunidades antes del Mundial, en forma de Vasco Da Gama o de Selección Brasilera.

Hoy en Agosto del 2000, 50 años después de aquellos inicios de vencedor y vencido, el fútbol brasileño es el poderoso y el uruguayo, impulsado por Peñarol en estos últimos años, se las arregla para seguir vigente.
El año pasado, llegó Vasco, al Centenario para disputar la Copa Mercosur con un equipo envidiable que contaba en sus filas a Edmundo, considerado uno de los mejores futbolistas brasileños de la década.
Vasco arrancó el partido ganando, para que Peñarol, se lo diera vuelta en 1 minuto, al ritmo del eterno ganador, efectivo y sagaz: Pablo Bengoechea.

Pero lo de la noche del 1 de Agosto, es simplemente épico.
Peñarol llegaba diezmado. Parte debido a las suspenciones cosechadas al revelarse sus jugadores contra una de las "vacas sagradas", del fútbol continental de hoy día, y parte debido a una situación donde vendió, permutó o regaló, más de lo que adquirió.

Sin embargo para este partido, contaba con futbolistas de serio fútbol como Cedrés o Bengoechea por nombrar a algunos.
En la delantera, estaba Romero, vuelto a las canchas luego de un periodo amargo para cualquier deportista: una seguidilla impresionante de lesiones.
Sin embargo todos saben quien es Luis Romero, y que cualidades técnicas posee, aparte de un físico que impone presencia en el área rival.
Igual era muy brava la mano y a promediar los 30 y pocos minutos el Vasco Da Gama, dominaba a su antojo a Peñarol, al que vencía 2 a 0.
El arquero debutante, poco más que las vió pasar...
Entonces el Vasco, quizo mojarle la oreja a Peñarol, y de la mano de Romario, ensayó jugadas de taquito y lujos por el estilo.
Los periodistas radiales, se animaban a vaticinar "un baile".
Pero Peñarol, a lo mejor herido en su orgullo, o tal vez preparando el zarpazo antes de estos sucesos, 
saca una de la galera.
Alex queda en off-side, luego de una jugada que venía a todo "ballet",  el correspondiente centro carbonero pasa de los pies de Romero a los de Franco. La hinchada se hace sentir, con su eterno canto ronco e incondicional: "carboneeeee....", cuando a Franco lo sale a marcar Mauro Galvao. José María se le escapa y la coloca a Cedrés, que sin demorar un segundo, le mete un pase por alto a Giaccomazzi; éste que la peina y entra Romero para descontar.
Un gol que llega en el momento en que todos decían "Vasco es el dueño del partido".

A partir de ahí lo de Peñarol fue mítico. Romero, Cedrés y Bengoechea organizando la batuta, acompañados por Franco, Giaccomazi y el pibe Albermagger. El resto empujando... como en trance.
A esa altura Bengoechea dirjía el partido a su antojo, no solo manejando los hilos del mismo, sino disfrutando del juego al ritmo que más le place.
Cada centro enviado por él, cada corner ejecutado, cada remate a la meta, llegaba envenenado de gol al arco del Vasco.
Poco más tarde, una pelota que viene  a recojer Cedrés por la punta izquierda, es enviada para Albermagger, que la cuida y le manda el centro a Romero, que ya dominaba el espacio aéreo de la zona caliente del Vasco, para que éste metiera el cabezazo, que marcó el empate.
En el segundo tiempo, Peñarol, si bien bajó el ritmo, trató de manejar la pelota más inteligentemente, pero a pesar de ello, llegó el empate del Vasco.
Otra vez toda la maestría, todo el porte y calidad de Pablo Javier Bengoechea para, al minuto del empate, colocar un remate que aprovecha Bueno, y el 4 a 3 definitivo se hace realidad.
Hazañoso, emocionante, con firmeza de corazón, como debe ser el fútbol.
Para rematar, me agradaría decir, que los responsables de la no citación de Bengoechea, a la selección, teniendo en cuenta la calidad de ciertos jugadores que forman parte de la misma, y luego del partido contra Vasco, como último argumento (de miles más), deben de mirar estos partidos de espaldas, o deben de tener la cabeza tan metida en algún trasero, que por eso no ven la luz.
Espero que cuando ya nunca más sean los responsables de la amada y gloriosa celeste, dejen su cabeza donde está metida y por el amor de Dios: 

                                                                         No salgan más!.

El Dane´


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