La hazaña más insólita de la historia Copa

La memoria es a veces un elemento peligroso para el hombre. Tiende a distorsionar la realidad, haciéndola más bella o más dramática, según el estado de ánimo, con el cual nos entregamos a ella.
Sin embargo hay momentos en la vida, que quedan marcados de una forma, que el solo hecho de intentar mentir, al referirse a ellos, es un imposible.
Un momento así, me regaló el fútbol hace ya 13 años...
Era un día de sol hermosísimo en el litoral uruguayo, cuando en el Estadio Nacional de Santiago, se enfrentaban por tercera vez, los equipos del América de Cali y Peñarol, por la final de la edición número 27 de la Copa Libertadores de América.
América llegaba por tercera vez consecutiva a la final de la Copa, luego de 2 fallidos intentos en los años anteriores. Por tales razones, se venían con todo. Las mentas decían que hasta dinero "impuro", estuvo en juego en el proceso de fortalecimiento de los rojos de Cali. Traían un equipo temible. No "nombres" de fútbol arte, sino coperos fraguados en 100 batallas, a nivel continental. Hombres tales como el paraguayo Cabañas, más perceberante y taimado que Attila. O su compatriota Bataglia, que marcó el primer gol de los 2 que le anotó el América a Peñarol, en el partido de ida jugado en Colombia.
La segunda final en Montevideo, fue dura a más no poder. Los colombianos, no quería dejar pasar la oportunidad de dar el golpe en Montevideo y ahí mismo quedarse con la Copa.
El clima antes del partido fue tenso. Anónimas personas, le regalaron a Bataglia, una camiseta de Nacional, con la que el paraguayo se paseaba por el hotel donde se alojaban los deportistas. A semejante mojada de oreja, se sucedió el consiguiente y también anónimo comentario: "Ah! me deja más tranquilo... si se pone esa, hoy Peñarol sale vencedor del Centenario".
Lo cual sucedió, pero en medio de un suspenso terrible. Aunque prevalecía, el dominio aurinegro, Cabañas abrió la cuenta a los 20´ del primer tiempo, en un contragolpe esporádico.
La Copa se alejaba del Centenario, pero Peñarol no se achicó. Como siempre en las difíciles, ordenó sus filas, y volvió al ataque. Desde la última línea, Peñarol se venía hacia el arco de Falcioni, hasta que en el minuto 57, Diego Aguirre consigue el empate.
El partido siguíó siendo parejo y muy friccionado, y el reloj corría a toda velocidad. Se venía la hora y el juego no era claro. Peñarol a pesar de ello seguía empujando, y a 4 minutos de terminar el encuentro, se produce una falta al borde del área. 
En el segundo tiempo, había ingresado el juvenil Villar por Cabrera, y fue justamente Villar quien hizo efectiva la pena.
Recuerdo que el relator, a lo mejor influido por la lucha y coraje de este grupo de muchachos jóvenes, por quien nadie daba nada, comentaba al borde de la rabia: "...tiene que venir el merecido tanto, le tengo una fé enorme al Bomba Villar, puede venir el gol...Vamos Bomba...vamos que se puede...". El zurdo juvenil, la "acarició", por arriba de la barrera, de 7 u 8 hombres, y la colocó en el ángulo superior derecho, del arquero, que solo atinó a mirarla.
La final se mudaba nuevamente al legendario Estadio Nacional de Santiago.

Aguirre festeja el gol (Foto de Revista el Gráfico)


Denos su opinión, apretando aquí.-
Lea las opiniones recibidas.-

Volver
ICC Appliance - Powered by ICC Systems