El equipo "milagro".
-Campeones mundiales de 1950-

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Arriba: Varela, Tejera, Gambetta, Gonzalez, Maspoli, Andrade.
Abajo: Ghiggia, Perez,Miguez, Schiaffino & Vidal.


  El Capitán Obdulio Varela reciviendo el trofeo. 
1950
Los 4 países británicos se habían integrado a la FIFA a tiempo para participar de la copa del mundo 1950 en Brasil. El campeonato local fué designado como clasificatorio para los 2 mejores equipos en 1948-50. Escocia decidió que solo irían al mundial si ganaban el grupo. Inglaterra ganó el grupo y fué al mundial, Escocia por su parte declinó. El formato del torneo volvió a cambiar. Esta vez habían 4 grupos en la primera ronda (de 4, 3 y 2 equipos) y los equipos ganadores de cada grupo jugaron en otra mini-liga para decidir la destinación de la copa mundial. Aunque no hubo una final formal.  Inglaterra y Brasil eran los favoritos. Ambos encontraron amarga desilusión. Inglaterra fué eliminada en la primera ronda después de la increíble derrota ante los Estados Unidos por 1 a 0. Brasil, con un maravilloso ataque construído alrededor del goleador y centre-forward Ademir de Menesis, alcanzó la ronda final - después perdió el partido decisivo ante Uruguay por 2 a 1. La derrota fué más allá del shock a causa del record mundial de que 200.000 personas, habían llenado el nuevo estadio de Maracaná, esperando celebrar. Brasil perdió 2-1 habiendo estado en ventaja desde temprano en el segundo tiempo del partido, en el cual un empate era suficiente para ser campeones. - Uruguay había perdido 1 punto anteriormente al empatar 2 a 2 con España.

(De "La historia de la copa del mundo 1930-1994"). 
 

Una Leyenda Nace ..... 

El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro, nació una de las últimas leyendas del fútbol rioplatense; ese día, el imponente centromedio uruguayo Obdulio Varela silenció a 150 mil fanáticos que festejaban el gol brasileño en la final de la Copa del Mundo, convertido por el puntero Friaca. A los seis minutos del segundo tiempo, Brasil abrió el marcador alentado por las repletas tribunas del Maracaná, inaugurado especialmente para ese torneo. Entonces, todo Río de Janeiro fue una explosión de júbilo; los petardos y las luces de colores se encendieron de una sola vez. Obdulio, un morocho tallado sobre piedra, fue hacia su arco vencido, levantó la pelota en silencio y la guardó entre el brazo derecho y el cuerpo. Los brasileños ardían de júbilo y pedían más goles. Ese modesto equipo uruguayo, aunque temible, era una buena presa para festejar un título mundial. Tal vez el único que supo comprender el dramatismo de ese instante, de computarlo fríamente, fue el gran Obdulio, capitán--y mucho más--de ese equipo joven que empezaba a desesperarse.
Y clavó sus ojos pardos, negros, blancos, brillantes, contra tanta luz, e irguió su torso cuadrado, y caminó apenas moviendo los pies, desafiante, sin una palabra para nadie y el mundo tuvo que esperarlo tres minutos para que llegara al medio de la cancha y espetara al juez diez palabras en incomprensible castellano. No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido--y el rival--, fueran otros.
Hubo un intérprete, una estirada charla--algo tediosa-- entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo.
Fue un aluvión. Los uruguayos atropellaban sin respetar a un rival superior pero desconcertado. Obdulio empujaba desde el medio de la cancha a los gritos, ordenando a sus compañeros. Parecía que la pelota era de él, y cuando no la tenía, era porque la había prestado por un rato a sus compañeros para que se entretuvieran. Llegó el empate. Los brasileños sintieron que estaban perdidos. El griterío de la tribuna no bastaba para dar agilidad a sus músculos, claridad a sus ideas. Las casacas celestes estaban en todas partes y les importaba un bledo del gigante. Faltaban nueve minutos para terminar cuando Uruguay marcó el tanto de la victoria. El mundo no podía creer que el coloso muriera en su propia casa, despojado de gloria.

El reposo del centrojás(Osvaldo Soriano 1972)


 
Relato de los goles en la voz de Carlos Solé
(Para escuchar los goles hay que usar Real Audio).

Gol de Obdulio Varela
Uruguay 2 - España 2

Con este increíble gol de 45 metros,en cuartos de final, "el gran capitán" puso a su equipo en la semifinal.


Gol de Friaca
Brasil 1 - Uruguay 0

Brasil abre el marcador después de un error de la defensa uruguaya. Fué en ese momento que la personalidad de Varela se hizo sentir. El trató de protestar el incidente y con la pelota abajo del brazo fué a hablar con el línea alegando off-side. Pero lo que realmente se proponía era calmar la atmósfera, y así la muchedumbre de 200.000 personas quedó en silencio. En ese momento Obdulio empezó a ganar la copa. Empujó a su equipo hacia adelante, dándole no solo coraje y fuerza, sino también organizando el juego que se pondría mejor y mejor hasta el último momento.


Gol de Schiaffino
Uruguay 1 - Brasil 1

Obdulio se la dió al puntero Ghiggia quien se escapó por la punta derecha, y luego de eludir a un defensor le mandó el balón a Schiaffino quien definió soberbiamente. 


Gol de Ghiggia
Uruguay 2 - Brasil 1

Uruguay 2 - Brasil 1
(En la voz de Barroso)

Este gol es una copia del anterior, pero esta vez Ghiggia no manda el centro, sino que remata fuerte y la pelota se incrusta en la red. 
 


Galería
(Click en los títulos para verlas)


Poster del mundial

     
Final del match
Gol de Ghiggia
El equipo campeón
     
Celebración
Foto poco conocida
Obdulio 



 

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